sábado, 20 de septiembre de 2014

Un cuento...

Te contaré un cuento...
Había una vez una niña muy pero muy bonita que tenía una vida un tanto alocada y unos sentimientos un poco revueltos. Un día, mientras se encontraba de vacaciones, vió a una anciana sentada en cierto lugar, al parecer allí trabajaba; al verla sintió algo extraño dentro de ella, una sensación que jamás había experimentado, no sabía de que se trataba pero era algo que le gustaba sentir y comenzó a ver a la anciana las veces que podía, pero no se atrevía a hacer otra cosa aparte de admirarla. Le contó a su mejor amiga lo que ocurría y ella le decía que debía juntar valor y hablarle, pero la niña no podía, extrañamente algo se lo impedía, algo que calificaba como miedo, aunque no sabía a que le temía.
Durante un tiempo le bastó con esa pequeña sensación que le daba cada vez que la miraba, pero en cierto momento pensó que debía ir más allá, quizo hablarle, pero aún no tomaba el valor suficiente para hacerlo, hasta que un día común y corriente mientras revisaba una de sus redes sociales vió el perfil de la anciana y sintió la misma sensación que le daba al mirarla; “chismosió“ un poco en su perfil y vió la dirección de otra de sus redes sociales, así que indagó en esa igual...al cabo de dos días vió su número telefónico en una de esas redes sociales, así que lo guardó y tardó otros dos días en juntar el valor necesario y por fin hablarle. El día que logró juntar ese valor y por fin le dijo “Hola“ sintió su estómago revuelto, quizás eran mariposas que estaban empezando a alborotarse, sentía una extraña desesperación, pero esos sintomas empeoraron cuando la anciana le contestó, un simple “Hola“ de regreso y de repente ya tenía una sonrisa “de oreja a oreja“ sin darse cuenta de que la tenía; siguió con las típicas preguntas que se hacen al querer hablar con alguien, pero notó que la anciana le contestaba muy cortante y de cierto modo se deprimió por eso, igual y no es correcto el término depresión, pero era algo parecido, pensó que podía ser porque no la conocía y no solía hablar mucho con personas extrañas, así que lo intentó de nuevo al día siguiente, pero el resultado fue el mismo y debido a la falta de conversación y la aparente falta de interés de la anciana decidió ya no hablarle y dejarla de “molestar“, aunque le hizo unas cuantas “preguntas“ por una de sus redes sociales.
Una semana después, mientras la niña se encontraba rumbo a comprar un pans, un mensaje le llegó, era un “¿Entonces si me vas a enamorar?“ de aquella anciana que, extrañamente, tanto le fascinaba; de nuevo la sensación y la sonrisa aparecieron y esta vez duraron más tiempo, ya que la anciana le hablaba con más interés y al parecer trantando de “ligarla“, pero la niña sabía que algo se tramaba, aunque era inevitable para ella seguirle el juego...a partir de ese día no dejaron de hablar, hablaban día y noche sin parar y al cabo de poco tiempo ya sentían algo más que simple atracción entre ellas, pasó aproximadamente un mes para que iniciaran un una relación, aunque era un poco complicada porque no se conocían en persona y no vivían en el mismo lugar, pero a ellas eso no les importó, y de cierto modo su relación iba bastante bien.
Después de un mes de haber iniciado con su relación, por fin tuvieron la oportunidad de verse, pasaron un día completo juntas, incluso durmieron juntas; ese fue uno de los mejores días que la niña había tenido, ya que sentía una felicidad enorme y la sensación de que nada le faltaba. Su felicidad completa solo duró un día, ya que la anciana debía marcharse, pero con ese día bastó para poder soportar un mes hasta su próximo encuentro...volvieron a verse y de nuevo la niña sintió lo que había sentido la primera vez que se vieron, esa felicidad y tranquilidad al encontrarse junto a la anciana.
Hasta ahora ya llevan 5 meses de relación, los mejores 5 meses que la niña ha vivido, y sé que esto parece un final, pero no, este cuento sigue escribiendose y seguirá escribiendose por mucho más tiempo...

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